“La luz del sol es más poderosa que cualquier droga; es segura, eficaz, y está disponible de forma gratuita. Si pudiera patentarse, sería promocionada como el mayor avance médico de la historia” (Mike Adams).

De acuerdo con investigaciones recientes, aproximadamente mil millones de personas en todo el mundo se ven afectadas por la deficiencia de vitamina D y alrededor del 50 % de la población mundial tiene insuficiencia de ella.1 Pero ¿por qué esto es relevante para nosotros, especialmente después de haber vivido una pandemia como la de la COVID-19? ¿Qué implican estas estadísticas?

La vitamina D es un nutriente clave para el funcionamiento adecuado de tu cuerpo. Incluso, sabemos que en casi todas las células y los tejidos del cuerpo existen receptores para ella. Se estima que alrededor del 3 % del genoma humano está regulado por la vitamina D y que más de 1.000 genes en el cuerpo humano se ven afectados por ella. También es necesaria para construir y mantener huesos saludables (esto se debe a que tu cuerpo solo puede absorber calcio, el componente principal de los huesos, cuando la vitamina D está presente). Además, es antioxidante, apoya la salud inmunológica y la función muscular. Con respecto al sistema nervioso, la vitamina D está relacionada con el funcionamiento de las neuronas y también tiene propiedades neuroprotectoras.

Entonces, ¿qué ocurre en nuestro cerebro si tenemos bajos niveles de vitamina D? Una de las causas más preocupantes es que estos niveles poco elevados se asocian a la depresión, así como a trastornos del estado de ánimo y un deterioro cognitivo más rápido. Estos se hacen presentes debido a que existen receptores de vitamina D en las áreas del cerebro que son responsables del estado de ánimo y el comportamiento.

En este sentido, un estudio publicado este año por la Universidad de Australia del Sur2 señala que existe un vínculo directo entre niveles bajos de vitamina D y altos niveles de inflamación, lo que proporciona un biomarcador importante para identificar a las personas con mayor riesgo o gravedad de enfermedades crónicas, enfermedades neurodegenerativas y psicopatologías (como la depresión) con un componente inflamatorio.

¿Recuerdas que, en líneas anteriores, mencioné que esto es de gran relevancia para nosotros, sobre todo después de haber vivido una pandemia? Una de las consecuencias de haber estado “encuarentenados” en casa fue la poca exposición que tuvimos al sol.

Cuando los rayos del sol tocan tu piel, tus tejidos comienzan a producir vitamina D. No necesitas broncearse o quemarte para obtener vitamina D del sol. Tu cuerpo, el cual ha sido maravillosamente creado, producirá toda la vitamina D que necesita para un día en aproximadamente un periodo de 20 a 25 minutos (si eres de tez clara) y de 40 a 45 minutos (si eres de tez oscura). Idealmente, esto debe hacerse en las primeras horas del día, sin bloqueador, o protector solar, y con el cuerpo lo más expuesto posible a los rayos UV.

En conclusión, la vitamina D es un nutriente clave para tu salud cerebral. Que el salir y tomar sol, disfrutar de la naturaleza y tener unos minutos de silencio sean parte de tu rutina diaria. Recuerda, no es lo que haces un par de veces a la semana… es lo que haces todos los días. ¡Te aseguro que sentirás la diferencia!

Referencias

1 R. Nair, A. Maseeh, “Vitamin D: The sunshine vitamin”, en Journal of Pharmacology and Pharmacotherapy (2018); 3(2), pp. 118-126. Holick (2017); 357(3), pp. 266-81.

2 A. Zhou, E. Hyppönen, “Vitamin D deficiency and C-reactive protein: a bidirectional Mendelian randomization study”, en International Journal of Epidemiology, 2022.

Responder a Comentario

Tu correo electrónico no sera publicado.