“Y de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra” (Apoc. 1:5, Reina Valera 1995).

La palabra griega traducida como “primogénito” es protōtokos, que significa literalmente “primero en nacer” (Luc. 2:7; Heb. 11:28). No obstante, ese vocablo es usado con frecuencia de manera metafórica en la Biblia, con el sentido de “el principal” o “el más importante”. Por ejemplo, en la versión griega del Antiguo Testamento (conocida como Septuaginta), Dios llama a Israel “mi primogénito” (Éxo. 4:22), y al rey David “mi primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra” (Sal. 89:27), obviamente no en sentido literal. Otros ejemplos de este uso figurado, cualitativo-jerárquico, son Romanos 8:29; Colosenses 1:15, 16 y 18; y Hebreos 1:6; 12:23.

Entonces, ¿cómo debe entenderse la expresión en Apocalipsis 1:5? Evidentemente, no de manera literal y cronológica, ya que Cristo no fue la primera persona en resucitar, según el registro bíblico. Lo hicieron antes Moisés, el hijo de la sunamita, el difunto arrojado sobre los huesos de Eliseo, el hijo de la viuda de Naín y Lázaro.

No hace falta decir que Juan tampoco utilizó esa palabra en sentido literal y genealógico. Cristo, por supuesto, no fue engendrado por los muertos ni nació de ellos. Por ende, el único sentido posible que queda para la expresión, de otra manera desconcertante, es: El más importante “de la resurrección” (NVI). En palabras de Lucas, Cristo es “el jefe de la resurrección de entre los muertos” (Hech. 26:23, versión de Etheridge del Nuevo Testamento en siríaco [uno de los primeros idiomas a los que fue traducido el Nuevo Testamento griego a partir del siglo II] al inglés; mi traducción al español).

Confirmación de ello es la presencia de otras palabras que refuerzan ese matiz jerárquico de protōtokos y que son usadas en paralelo con este, tanto en Apocalipsis como en otros lugares del Nuevo Testamento. Por ejemplo, Pablo dice de Cristo, en Colosenses 1:18: “Él es la cabeza (kefalē) del cuerpo que es la iglesia […], el principio (arjē), el primogénito (protōtokos) de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia (prōteuon)”.

¿En qué sentido es Cristo “el más importante de entre los muertos”? ¿A qué muertos se refiere Juan? Pablo lo expresa claramente en 1 Corintios 15:13 al 19: si Cristo no resucitó nuestra fe es vana y nuestra predicación no sirve para nada. “Lo cierto es que Cristo ha sido levantado de entre los muertos, como primicia de los que murieron. De hecho, ya que la muerte vino por medio de un hombre, también por medio de un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir, pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen” (vers. 20-23, NVI).

Es decir, si Cristo (el segundo Adán, iniciador y representante ante Dios de una nueva humanidad) no hubiera resucitado, tampoco lo harían sus descendientes espirituales muertos (Rom. 6:3-10). El éxito del plan de salvación dependía no solo de la vida sin pecado de Cristo y de su muerte sustitutiva, sino también de su victoria sobre esta como representante de quienes nacen de nuevo, de lo alto, de agua y del Espíritu (Juan 1:12, 13; 3:3, 5, 7).

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