La implicancia espiritual del sentido de un nombre.

Luego de hablar sobre el Juicio en los dos últimos artículos de nuestra revista, en esta ocasión presentaré una reflexión sobre la base del nombre del profeta Daniel; haré algo similar en los siguientes números reflexionando sobre los nombres de sus tres amigos: Misael, Azarías y Ananías.

Por ahora, consideremos el nombre del profeta escatológico del Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento, los nombres muchas veces eran teofóricos, es decir, incluían el nombre de Dios de forma abreviaba, como, por ejemplo, el profeta Elías. Aunque en español no es evidente, en el hebreo sí se nota tal fenómeno. En hebreo es ’eliyah. Está compuesto del sustantivo ’el, que significa Dios, y yah, una forma abreviada del nombre propio de Dios: Yahveh. En otros casos solamente se incluye el sustantivo para referirse a Dios, como el caso de Samuel, que en hebreo se lee shemu’el y significa “el que viene de Dios”, donde aparece al final el sustantivo ’el, que significa Dios.

Luego de esta breve explicación, veamos el nombre del profeta, daniy’el. En este caso, el nombre está compuesto por el sustantivo din, que significa juez, seguido por una partícula que refiere al pronombre posesivo en primera persona “mi” o “mío”.

Finalmente, el nombre cierra con el sustantivo ’el, que ya fue explicado anteriormente. Por lo tanto, el nombre del profeta significa “Dios es mi juez”. Así, el nombre del profeta encierra una serie de elementos que son sumamente importantes en la teología del libro de Daniel. Para empezar, podemos declarar que la razón por la cual los jóvenes hebreos estaban en Babilonia era resultado de los juicios de Dios sobre Israel a causa de su desobediencia y apostasía (Dan. 9). Del mismo modo, al llegar a Babilonia, los jóvenes hebreos son puestos a prueba ante el rey, su comida y las ciencias babilónicas; prueba de la cual salieron airosos justamente porque Dios les dio tal sabiduría que superaron a todos los sabios del reino (Dan. 1:9, 15, 17).

Mas adelante, Daniel pasó por una prueba mucho más fuerte. El decreto emitido por el rey Darío promulgaba la muerte de aquel que elevara una plegaria a alguna divinidad en lugar de elevarla al rey. Es bastante conocido que el profeta se puso al margen de la ley dictaminada al orar a Dios, lo cual lo llevó ante la corte real para ser juzgado y condenado.

Sin embargo, el desenlace de la historia de Daniel en el foso de los leones remite al nombre del profeta, pues Dios lo liberó de la muerte segura, como Juez supremo ante las diferentes dificultades que el creyente enfrenta. Esto no significa que la liberación de peligros siempre será de la manera en que Daniel fue liberado en aquella ocasión. Sin embargo, ante el Juicio final y escatológico, los creyentes serán finalmente liberados.

A esto se puede añadir que luego de tales experiencias, Daniel describe la escena del Juicio escatológico cuando se le reveló una serie de bestias híbridas como parte de la profecía que anunciaba el devenir de la historia. Luego de que a Daniel se le revelara cómo grandes potencias mundiales gobernarían la humanidad, Daniel ve en visión al Anciano de días, a quien se refiere por su propio nombre. Se describe como aquel que preside el juicio, es decir, el Juez por sobre todo aquel que será juzgado según lo que está escrito en los libros que se abren en este proceso judicial (Dan. 7:9, 10). Luego, en la explicación que se hace de la visión, se describe que el resultado del Juicio será en favor de los santos del Altísimo (Dan. 7:22), cuya consecuencia final será la victoria y la entrega del Reino al pueblo de los santos (Dan. 7:27).

Es importante tener en mente que, a la luz del nombre del profeta, se nos abren vislumbres de la justicia divina en favor de los suyos. De la misma manera en que Daniel hizo de Dios su juez, no solo por llevar ese nombre, sino porque vivió confiando en que era así, el libro de Daniel nos invita a tomar la misma actitud.

En el capítulo 11 de Daniel se habla de muchos que serán perseguidos, e incluso muchos caerán a espada, a causa del evangelio (Dan. 11:33). En el tiempo de mayor persecución y angustia, que está en un futuro cercano, Miguel, el príncipe del pueblo de los santos, se levantará para liberar de una vez y para siempre a los suyos (Dan. 12:1). Esto incluye la resurrección de aquellos que descansaron confiando en el Señor como el Juez supremo que ofrece la salvación y la vida eterna (vers. 3). Que el Dios de Daniel sea también tu Juez y Libertador frente a las acusaciones del enemigo, para ser victorioso al final del Juicio.

¡Maranatha!

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