¡Atrevámonos a cambiar la historia!

El profesor había sido implacable con su veredicto: “Este niño no tiene capacidad. Su rendimiento no es esperable. Siempre está en su mundo. Le gusta hacer las cosas a su manera. No escucha y tampoco deja hablar a los demás. Es imposible trabajar con él en clases porque no se queda quieto. Lo más irónico de todo es que la semana pasada comentó en clase que quería ser científico. ¡Qué locura! Si no puede ni siquiera aprenderse las bases de la biología… ¿cómo puede pretender llegar a ser científico?”

El alumno del que hablaba era John Gurdon, quien medio siglo después (en 2012) ganó el Premio Nobel de Medicina. Tenía 64 años.

Muchos influencers tuvieron hojas de vida controversiales. Fueron individuos que en su niñez y su adolescencia fueron estudiantes con problemas pero que, con el tiempo, sorprendieron al mundo entero.

Otro ejemplo de esto fue Albert Einstein. Su mismo profesor escribió en sus registros: “Este chico no llegará nunca a ninguna parte. Es un estudiante lento y reflexiona demasiado antes de contestar a una pregunta. Además, no consigue aprender nada de memoria. No entiende las reglas y las órdenes. Rechaza practicar deporte y además se aísla de sus compañeros”.

A esto hay que sumarle que, a los 16 años, Einstein fue rechazado en una primera prueba de acceso a la Escuela Politécnica de Zurich por sus malos resultados en letras. Y, a pesar de ser muy bueno en matemáticas y física, era flojo en francés, geografía y dibujo.

¿Te suenan familiares estas historias? ¿Alguna vez escuchaste hablar sobre el Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactividad, el Trastorno del Espectro Autista o la Dislexia? También habrás escuchado historias relacionadas con lo difícil que fue y sigue siendo vivir con estas dificultades… Sobre todo, cuando comenzamos a cuestionarnos la capacidad de “inteligencia” de ese cerebro. Incluso podemos pensar que ese cerebro en desarrollo es un cerebro estático y que, por lo tanto, no existen posibilidades para el cambio. Nada más lejano de la realidad.

La Biblia también está llena de historias como las de Gurdon o Einstein. Moisés era un hombre muy inseguro de sí mismo. Tenía baja autoestima y además era tartamudo. “Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua” (Éxo. 4:10). No obstante, gracias a que Dios vio su potencial, Moisés fue el instrumento que él utilizó para sacar a los israelitas de Egipto y librarlos de la esclavitud en la que vivían.

Pedro tenía problemas de conducta. Era testarudo, impulsivo, imprudente y, muchas veces, conflictivo. ¡Hasta negó a Jesús tres veces! Sin embargo, Dios vio más allá de sus fracasos, y ahora lo conocemos como un líder de la iglesia primitiva, junto con Santiago y Juan.

Rahab también tenía problemas de conducta. ¡Hasta era prostituta! Una profesión que hasta el día de hoy trae una gran condenación en nuestra sociedad. Sin embargo, Dios vio su potencial. Tanto así que se alaba a Rahab por su fe (Heb. 11:31) y forma parte de la genealogía de Jesús.

Abraham, David y Salomón son algunos de los tantos personajes que, a pesar de sus incapacidades, se convirtieron en grandes influencers porque Dios vio más allá y creyó en ellos.

Dios ve un gran potencial en ti, ¡lo ve en todos nosotros! La invitación es que hagamos lo mismo en nuestra vida: ver más allá de lo obvio y ayudar a que otros también puedan convertirse en influencers y cambiar la historia.

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