¿Cómo saber si estoy realmente enamorada/o?

Imagínate el momento en que Adán conoció a Eva. Era la mujer más hermosa que había visto. Bueno… era la única mujer que había visto. ¡Pero, imagínate! ¡Había mariposas en su estómago! Quizá no haya podido hablar en ese momento y se haya puesto tan nervioso que se sonrojó o le sudaron las manos.

En esta historia, Dios mismo fue el “cupido” para una de las parejas más importantes de la humanidad. Dios les enseñó lo que era el amor verdadero, y los bendijo para que fueran felices por el resto de su vida. Dios les proveyó de todo para que fueran un matrimonio hermoso, tuvieran hermosos hijos y un futuro hermoso. Ese era su plan. ¡Qué magníficos propósitos tenía Dios para ese primer matrimonio!

A veces los planes que tiene Dios para tu noviazgo y tu matrimonio no son los mismos que pretendes tú; y ahí está el problema: no es culpa de Dios que tu matrimonio o tu noviazgo fracasen. Es culpa tuya mantener hábitos tóxicos que contaminan la relación, con pecados acariciados que te alejan de tu pareja, al cruzar límites que jamás debiste haber cruzado. Y es ahí donde tú ya no tienes espacio para su bendición.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando nos enamoramos?

¡Oxitocina! Esta hormona es la que provoca la llamada “euforia del enamoramiento”. Es la que provoca la constante necesidad de estar en contacto con la persona amada.

La serotonina es otra sustancia involucrada en el amor. Sabemos que actúa sobre las emociones y el estado de ánimo.

La dopamina está relacionada con el placer. Cuando nos enamoramos, la dopamina hace que nos sintamos eufóricos y enérgicos. Es importante porque está involucrada en el sistema de recompensa; es decir, el placer hace que nos sintamos bien.

La noradrenalina es el neurotransmisor que provoca que el corazón nos lata más rápido, se eleve la presión arterial, perdamos el apetito, nos ruboricemos en las primeras etapas del enamoramiento, y asociemos todo esto con la persona de la que nos hemos enamorado.

Esta bomba química del enamoramiento nos envuelve –por lo menos– por seis meses. No obstante, al igual que las adicciones después de un tiempo, terminamos acostumbrándonos, y comenzamos a perder el interés. Más aún cuando todavía no hemos cumplido los 18 años de edad, ya que el lóbulo frontal encargado de controlar nuestros impulsos y emociones está inmaduro. Así que, nuestro cerebro comienza a asociar el amor con estas sustancias químicas. Y, con el paso del tiempo, esta bomba de sensaciones desaparece, y es ahí cuando pensamos que ya no estamos enamorados.

Así elegimos en la vida cotidiana: la mujer o el hombre que produzca en nuestro cerebro más sustancias químicas será el elegido. El problema es que esto no es amor. El amor es compromiso. El amor es responsabilidad. El amor es un principio y un pacto entre dos personas.

Sin embargo, terapéuticamente te recomendaría que no elijas tú a la persona más importante en tu vida, sino que, por mi parte, le dejaría a Dios esa elección. ¿Por qué no entregar esa decisión tan trascendental en las manos de Dios? Habla con él y dile: “Padre, pon en mi camino a la persona correcta”.

No pierdas la bendición de Dios en tu relación amorosa. Él quiere bendecirte sobremanera, y solo tiene pensamientos de bien para nosotros. Deja esta decisión en las manos de Dios, y él hará maravillas en tu vida.

Responder a Comentario

Tu correo electrónico no sera publicado.