Cuatro tiernas imágenes del amor de Dios retratadas en el Salmo 107.

Bienvenidos a esta magna exposición de cuadros llamada “Dios al rescate”, que se encuentra en tu Biblia, a la altura del Salmo 107. Podrás ver aquí cómo enfrentar una crisis severa y salir adelante gracias al poder de Dios.

Antes de pasar a la galería central, empezaremos el recorrido por el hall. Aquí nos encontramos con una obra de arte: Los versículos 1 al 3 son un llamado a alabar a Dios por su misericordia y su redención. Cabe recordar, también, que con el Salmo 107 se inicia el quinto y último libro de los Salmos. De aquí en más, y hasta el 150, serán capítulos que rebosen de alabanza y gratitud, cargados de una belleza poética sin igual.

Además, la manera en que está compuesto el salmo da a entender que se trata de estrofas para ser cantadas en forma alternada, es decir, antifonal. Estas estrofas siguen una misma estructura: 1-La descripción de una calamidad; 2-Un clamor desesperado de socorro; 3-Una respuesta inmediata de parte de Dios; y 4-La alabanza y la gratitud al Creador por lo que ha hecho.

Y ahora sí, quedaremos deleitados con el sublime contenido que sigue.

Cuadro 1: Nunca estás solo (vers. 4-9)

En este lienzo se pinta con exactitud el derrotero del pueblo de Israel en el desierto, camino a Canaán. Anduvieron errantes, perdidos, con hambre, con sed, y con el alma desfallecida. En este contexto desolador, claman a Dios y él lo oye, los restaura y los “dirige por el camino derecho” (vers. 7). Esto es también una metáfora de nuestra propia vida. No importa nuestra condición desesperada ni la senda torcida por la que hayamos caminado, Dios está esperando que vayamos a él para restaurarnos.

Cuadro 2: El gran Libertador (vers. 10-16)

Estamos ante una pintura muy oscura, a la que hay que saber observar muy bien. En estos versículos se describe la terrible condición de los que están encarcelados y los que moran en tinieblas. Todo esto es fruto de una rebelión contra Dios y están aprisionados mentalmente (entre la aflicción, vers. 10) y físicamente (entre los hierros, vers. 10). El cuadro se agrava más aún porque no hay quién los ayude (vers. 12). No obstante, aparece aquí la figura del Libertador, quien nos redime de nuestros traumas y rompe nuestras cadenas físicas y emocionales.

Cuadro 3: El gran Sanador (vers. 17-22)

Por causa de nuestra rebelión, la situación se agrava aún más. Estamos ya al borde del abismo y ante las mismas “puertas de la muerte” (vers. 18). Ya desde el Salmo 1 se nos advertía que el camino del pecado y de la complacencia propia conduce a la ruina. No es posible creer y aceptar las sugestivas estrategias de marketing satánicas que nos indican unos atajos y reinterpretaciones del plan diseñado por Dios. Como siempre, la solución está en aceptar y seguir lo que Dios nos dice: “Envió su palabra y los sanó” (vers. 19).

Cuadro 4: Paz en la tormenta (vers. 23-32)

Una acuarela que refleja con maestría la bravura de una tempestad. Ni el mar ni las aguas tienen piedad de nuestra alma. Sin rumbo, sin brújula y atrapados en la calamidad, nuestra vida es una montaña rusa emocional, en la que subimos y bajamos (vers. 26) sin llegar jamás a un lugar firme o seguro. Nada de lo que tenemos sirve; ni nuestro conocimiento: “Tiemblan y titubean como ebrios y toda su ciencia es inútil” (vers. 27). Nuevamente aparece la figura del Salvador para apaciguar el temporal y llevarnos al puerto que deseamos (vers. 30).

No podríamos terminar este recorrido sin mencionar dos aspectos fundamentales:

Uno: Desde los versículos 33 al 43, la conclusión del Salmo muestra que nunca el camino de la maldad desemboca en la felicidad; y que siempre es mejor seguir lo indicado por Dios, ya que él nos recompensará.

Dos: En este gran canto hay un estribillo que se repite varias veces. Es una frase motivadora, que nos anima a “cantar bajo la lluvia”. La encontramos en los versículos 6, 13, 19 y 28: “Clamaron a Jehová en su angustia y él los libró de sus aflicciones”. En español, la palabra “angustia” está relacionada con la palabra “angosto”. Así, se refiere a una situación atrapante, estrecha, cerrada… algo que aprieta y molesta. No necesitas quedarte en ese lugar. ¡Alaba a Dios por esto!

Sobre el Autor

Es Licenciado en Teología y en Comunicación Social. Además, tiene una maestría en Escritura creativa. Es autor de los libros “¿Iguales o diferentes?”, “1 clic” y “Un día histórico”. Actualmente es editor de libros, redactor de la Revista Adventista y director de las revistas Conexión 2.0 y Vida Feliz, en la Asociación Casa Editora Sudamericana.

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