En esta segunda parte, analizamos las dos últimas posibles interpretaciones para esta palabra.

El mes pasado estudiamos lo que el texto de Daniel dice en torno al “continuo” de Daniel 8:11 al 13. Notamos que esta palabra no puede referirse a los sacrificios regulares o diarios del sistema cúltico de Israel. Nos queda, entonces, determinar si se refiere al paganismo romano o al ministerio de Cristo en el Santuario celestial.

En Daniel 8 aparece un poder inicuo descrito como el “cuerno pequeño” (vers. 9-12). El versículo 11 expresa que ese cuerno pequeño “se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos”. La identidad del Príncipe de los ejércitos es Cristo mismo (ver Jos. 5:14). Ahora bien, el texto de Daniel continúa diciendo: “De él fue quitado el continuo”; aunque varias versiones lo traducen “por él”, entendiendo que es a causa del cuerno pequeño que se quita el continuo. Sin embargo, el texto dice “y de él” (heb. umimenu). La pregunta es quién es este “él”. La respuesta es el antecedente próximo, que es el Príncipe del ejército.

Por lo tanto, el cuerno pequeño, que es el agente activo en el versículo 11, es quien quita el continuo del Príncipe del ejército. Así, el continuo es algo propio del Príncipe del ejército, y no algo del cuerno pequeño.

Ahora bien, se nos dice que el mismo cuerno pequeño “hablará palabras contra el Altísimo, a los santos del Altísimo quebrantará y pensará en cambiar los tiempos y la Ley; y serán entregados en sus manos hasta tiempo, tiempos y medio tiempo” (Dan. 7:25). Este símbolo profético es el poder romano papal de la Edad Media. Por lo tanto, si se asume que el continuo es el paganismo romano, entonces el texto de Daniel 8 estaría diciendo, en términos interpretativos, que el poder romano papal (cuerno pequeño) quitaría el paganismo romano (continuo) de Jesús (el príncipe del ejército); lo cual no tiene lógica alguna.

Es necesario revisar también los otros dos pasajes en los que se hace referencia al continuo. En Daniel 11, se habla de un poder cuyas tropas “profanarán el santuario y la fortaleza, quitarán el sacrificio continuo y pondrán la abominación desoladora” (vers. 11). Por la secuencia de eventos narrados en el capítulo 11, estamos ya en la etapa del Imperio Romano, pues es durante la regencia de este poder que el “príncipe del pacto” muere (Dan. 11:22). Luego, se dice de este poder que tiene una actividad religiosa, puesto que profana el Santuario, quita el continuo y establece la abominación desoladora, de la misma manera que sucede con el cuerno pequeño de Daniel 8. Así que, estamos ante el mismo poder que actúa contra el Príncipe del Pacto y lo que le pertenece.

En Daniel 12:11, se vuelven a mencionar las mismas acciones, pero ahora desde una perspectiva temporal, señalando el tiempo en que esto empezaría a suceder. Por lo tanto, no hay razón para determinar que en algún caso el tamid (“continuo”) de Daniel sea el paganismo romano.

Queda evaluar si la última opción, la del continuo como el ministerio de Cristo en el Santuario celestial, es válida. Primero, ya determinamos que el tamid de Daniel no se reduce al sacrificio diario sino a todo lo que sucedía en el Santuario hebreo. Segundo, debemos considerar que lo que sucedía en el Tabernáculo, a la luz de Hebreos, era una sombra del ministerio mayor de Cristo en el Santuario celestial (Heb. 9:11). Tercero, la profecía de Daniel 8 alude a un período profético que sobrepasa por mucho el lapso en que se hacían los sacrificios en el Templo.

Los intérpretes preteristas sostienen que esta profecía se cumple con Antioco IV Epífanes, pero esto se fundamenta en la idea de que tamid son los sacrificios regulares o diarios en el Santuario o Templo terrenal. Además, Daniel 8:14 apunta a un período profético más extenso, teniendo como base el principio de día por año, ya que Daniel menciona “tardes y mañanas”: lenguaje propio de la Creación en días contados de la misma manera, “tarde y mañana” (Gén. 1:5, 8, 13, 19, 23, 31). Así, el período referido es de 2.300 días proféticos, o años literales, los cuales sobrepasan el primer siglo de la Era Cristiana, validando la interpretación de tamid como el ministerio sacerdotal de Cristo en el Santuario celestial.

Finalmente, si bien el poder romano papal ha atentado contra el ministerio sumosacerdotal de Cristo, este solo ha sido falsificado. Al estudiar la Escritura, podemos estar seguros del poder de la intercesión de Cristo; que pronto llegará a su fin, y con este, la salvación de todos aquellos que confiaron en él. Siendo así, “acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Heb 4:16). Hagámoslo hoy, pues el Rey muy pronto vendrá.

¡Maranatha!

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