Los libros y la predicación del mensaje adventista.

Hoy, más que nunca, tiene que escucharse al unísono, de parte de cada hijo de Dios, la última voz ofreciendo esperanza y salvación. Por eso, en la crisis final de la Tierra, Dios nos dejó instrumentos especiales: los libros. Ellos actúan como “profetas” impresos que llaman nuestra atención sobre el inminente regreso del Señor, y como “mensajeros” que proclaman la última voz de amor y misericordia de Dios.

Ahora bien, ¿cuál será la relevancia de la información distribuida en papel y tinta para la generación de nativos digitales? Mientras que muchos miran las crisis, otros vislumbran las oportunidades. Lemuel Olán Jiménez, en el libro La última voz (CPB, 2020), analiza el papel destacado de las publicaciones en los momentos finales de la Tierra: Elena de White presenta el papel profético de las publicaciones en el tiempo del fin.

Los libros tienen el poder de motivar, instruir, traer avivamiento y transformar los corazones, las vidas y las iglesias. Pero, si son tan poderosos, ¿por qué no hay más personas que compartan libros?

Según Lemuel Olán Jiménez, los libros impresos con el mensaje bíblico jugarán un rol esencial en los acontecimientos del fin como los últimos mensajeros de Dios al mundo. En un escenario futuro de censura de cultos y de libertades, los libros que se repartan serán los últimos predicadores. Actuarán preparando al mundo para la obra divina de sellamiento, en la que cada persona puede elegir entre obedecer los mandamientos de Dios o los decretos humanos.

Y, por eso, la iglesia necesita distribuir tantas publicaciones como sea posible a tantas personas como esté a su alcance… y hacer todo esto lo antes posible. Elena de White es clara: “Nos acercamos rápidamente al fin. La impresión y circulación de libros y periódicos que contengan la verdad para este tiempo ha de ser nuestra tarea” (El colportor evangélico, p. 13).

No minimizamos la importancia de la integración de los otros medios y todas las formas de evangelismo actuales, pero necesitamos multiplicar los esfuerzos para distribuir libros. Desde luego, agradezco a la iglesia por haber distribuido cuatrocientos millones de libros misioneros en los últimos catorce años, bajo el proyecto Impacto esperanza. Agradezco también por hacerlo en forma tan creativa (especialmente en este último año), en medio de tantas dificultades, distribuyendo esperanza en bicicleta, en barco, en aeropuertos, bajo el sol, con frío, en las alturas y en las calles.

Además, doy gracias a Dios por los fieles y dedicados colportores que en los últimos 10 años han distribuido casi 28 millones de libros y revistas.

El colportor Juneisson Mota es adventista desde hace cinco años. Antes de involucrarse en esta actividad, trabajaba en una pequeña fábrica de carbón. Juneisson comenzó a vender los libros hace tres años. En moto, barco y también a pie, recorre el municipio de Rodrigues Alves (en el interior del Estado de Acre, en el noroeste de Brasil) llevando esperanza a través de la literatura misionera. Hay muchos lugares que están muy distantes, pero eso no le impide ir a estas personas. “La mayoría de estas personas no tiene dinero. Así que, me dan sus productos (como frutas o harina), y los vendo en la ciudad para obtener el dinero del libro”. A través de su ministerio, 16 personas ya han sido bautizadas y otras 14 se están preparando para dar este paso.

La madre de Daniele falleció cuando ella tenía 4 años. Por esto, creció con su abuela, Doña Josefa. Daniele siempre consideró a su abuela como una madre. Eran católicos y estaban muy dedicados a la iglesia a la que asistían. Pero a los 17 años Daniele se convirtió en adventista y pronto conoció el colportaje, y vio allí una oportunidad de asistir a una universidad. Pero Josefa se enojó y no le permitió a Daniele colportar. Recién cuando cumplió 21 años ella comenzó a vender libros. Le fue muy bien y pudo ingresar a estudiar en la Universidad Adventista de San Pablo (Brasil). Cuando Josefa vio cómo Daniele fue transformada, también quiso conocer la Iglesia Adventista y aceptó ser bautizada.

“Pronto Dios hará grandes cosas por nosotros si nos sometemos humildes y creyentes a sus pies […]. Más de mil personas se convertirán en un solo día, la mayor parte de las cuales adjudicará sus primeras convicciones a la lectura de nuestras publicaciones” (Elena de White, El colportor evangélico, p. 171).

Yo voy a formar parte de la última voz que entregue libros que sean mensajeros de salvación al mundo. ¿Vamos juntos?

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