Aprendiendo a disfrutar de este día maravilloso.

El sábado es un día santo (Gén. 2:1-3) y separado para la adoración al Dios verdadero (Éxo. 20:11). Pero ¿estamos realmente guardándolo de acuerdo al Mandamiento y disfrutando de este regalo divino? Recordemos dos conceptos básicos al respecto.

1-Es un tiempo para la comunión con Dios y con otros: En Éxodo 20:9 y 10 se nos dice que hay seis días para trabajar y que el séptimo es de reposo. Todo trabajo secular con el que nos ganamos la vida debe realizarse durante los seis días de la semana, de modo que el sábado quede libre para las actividades espirituales. Este día no es un tiempo para dedicarnos a nuestros negocios, comprando o vendiendo (Neh. 13:15-22). Al ser el día santo que el Señor separó para la comunión con él, debemos abandonar todo aquello que nos desvía de ese propósito: “Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares ‘delicia’, ‘santo’, ‘glorioso de Jehová’, y lo venerares, no andando en tus propios caminos ni buscando tu voluntad ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová” (Isa. 58:13, 14).

Al respecto, Elena de White afirma: “Dios requiere no solo que evitemos el trabajo físico en sábado, sino también que disciplinemos nuestra mente para que se espacie en temas sagrados. Se infringe virtualmente el cuarto Mandamiento al conversar de cosas mundanales o al dedicarse a una conversación liviana y trivial” (Conducción del niño, pp. 502, 503). En la actualidad, este principio se aplica al correcto uso de las redes sociales y otros equipos tecnológicos durante las horas santas.

Por otro lado, todos los que están bajo nuestra influencia o autoridad deben quedar libres de todo trabajo común para que también puedan observar el sábado (Éxo. 20:10).

Al asistir todos los sábados a la sinagoga, Jesús nos mostró que es un día especial para participar de la comunión con la iglesia (Luc. 4:16; Sal. 122:1). También aprovechó el sábado para tener caminatas al aire libre (Mar. 2:23). De la misma manera, las familias pueden ir a la naturaleza a contemplar al Creador en su Creación. “No hemos de enseñar a nuestros hijos que no deben ser felices durante el sábado, que es un error salir a dar un paseo al aire libre. Oh, no. Cristo condujo a sus discípulos a la orilla del lago durante el sábado y les enseñó. Sus sermones sabáticos no siempre fueron predicados entre cuatro paredes” (ibíd., p. 507).

Jesús nos enseñó que durante el sábado están permitidas las obras de misericordia, pues “el sábado fue hecho por causa del hombre” (Mar. 2:27). Al sanar en sábado, dijo: “Es lícito hacer el bien” (Mat. 12:9-13; ver también Mar. 1:21-31; Luc. 13:10-17; Juan 5:1-15; 9:1-14).

Puesto que el tiempo santo empieza a la puesta del sol del viernes (Gén. 1:5; Neh. 13:19), un poco antes la familia debería reunirse para adorar. “Antes de la puesta del sol, congréguense los miembros de la familia para leer la Palabra de Dios y para cantar y orar” (Elena de White, Conducción del niño, p. 502). Si hay niños, debemos adaptar estos cultos a su edad.

2-Es un tiempo de preparación: Para que sea posible guardar el sábado de forma gozosa (Isa. 58:13), debemos prepararnos. De otra manera, solo habrá confusión. Durante la semana debemos tener en mente el sábado, pero el viernes todo debe quedar listo (Éxo. 16:22, 23; Luc. 23:54-56). Elena de White comenta: “Terminen el viernes los preparativos para el sábado. Cuiden de que toda la ropa esté lista y que se haya cocinado todo lo que debe cocinarse, que se hayan lustrado los zapatos y tomado los baños. Es posible lograr esto. Si lo establecen como regla, pueden hacerlo. El sábado no debe destinarse a reparar ropas, a cocinar alimentos, a los placeres, o a otra ocupación mundanal. Antes de que se ponga el sol, debe ponerse a un lado todo trabajo secular y guardarse fuera de la vista todos los periódicos de ese carácter. Padres, expliquen a sus hijos lo que hacen y se proponen, y déjenlos participar en su preparación para guardar el sábado según el mandamiento” (ibíd., p. 501).

El sábado fue separado como un día de alegre comunión entre Dios y sus hijos, y esta comunión no debe verse interrumpida por nada que no cumpla ese fin. ¡Que el Señor nos ayude a apreciar este hermoso regalo que cada semana viene de parte de él!

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