La importancia de conocer los adverbios de negación de la Palabra de Dios.

En la lengua original del Nuevo Testamento existen básicamente dos adverbios de negación, a saber, ou (“no”) y (“no”). A partir de dichas partículas se forman otras expresiones que indican negación, como, por ejemplo, ou-de (“y no”, “ni”), ou-deis (“nadie”, “ninguno”, “nada”), ou-depote (“jamás”, “nunca”), ou-keti (“ya no”, “no más”), mē-damōs (“de ningún modo”, “de ninguna manera”), mē-de (“ni”, “y no”, “ni siquiera”), mē-deis (“nadie”, “ninguno”, “nada”), mē-keti (“ya no más”, “nunca más”), mē-pote (“no”, “nunca”).

El uso de las partículas negativas ou (“no”), (“no”) y sus compuestos en oraciones interrogativas es muy interesante y esclarecedor. Si notamos en una pregunta el uso de la partícula (“no”) o mēti (“¿verdad que no?”) sabemos que la respuesta esperada es negativa. Si, por el contrario, se utiliza ou (“no”) o ouchi (“¿acaso no?”) sabemos que la respuesta esperada es afirmativa. 

Un ejemplo que ilustra ambas posibilidades se encuentra en Lucas 6:39: “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?” Al leer este pasaje en griego, notamos que la primera pregunta comienza con mēti y, por ende, la respuesta esperada es negativa: No, un ciego no puede guiar a otro. La segunda pregunta es introducida con ouchi y, como hemos dicho, en este caso la respuesta esperada es afirmativa: Sí, ambos caerán. Nótese, también, el uso de ouchi en Mateo 6:25: “¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa?”, la respuesta es sí.

Otro ejemplo muy interesante se encuentra en Juan 18:37: “¿Así que (oukoun) tú eres rey?” (LBLA). Al notar la forma compuesta con ou, es decir, el adverbio interrogativo ou-koun (“así que”, “entonces”) –indicador de que Pilato espera una respuesta afirmativa por parte del Maestro–, la reacción de Jesús cobra especial sentido: “Tú dices que soy rey” (LBLA). En virtud de esta observación lingüística, es posible entender y explicar por qué algunas versiones bíblicas modernas han optado por traducir la pregunta de Pilato de manera afirmativa: “¡Así que eres rey!” (NVI), “Entonces sí eres rey” (TLA).

La negación más contundente en griego clásico y helenístico se forma con la doble negación ou mē sumada a un verbo en tiempo aoristo y modo subjuntivo, o a uno en tiempo futuro y modo indicativo. Los equivalentes más próximos en español de esta construcción son los adverbios “nunca” y, el más enfático, “jamás”.

Un dato curioso y –al mismo tiempo significativo– es que quien usa esta negación absoluta con mayor regularidad es Jesús.

Basten como muestra los siguientes ejemplos:

-Juan 6:37: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”. Detrás de “no le echo fuera” (ou mē ekbalō exō), hallamos la construcción ou mē más un verbo en tiempo aoristo y modo subjuntivo: “Jamás lo echaré fuera” (Reina-Valera Actualizada). Frente al individualismo, al exclusivismo y a la tendenciosa gestación de presuntas élites religiosas, Jesús proyecta su comunidad de fe –sobre el fundamento de la gracia divina– en términos inclusivos y salvíficos (ver Luc. 20:21; Hech. 10:34; Rom. 2:11; Gál. 2:6; Efe. 6:9).

-Juan 11:26: “Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” Hemos de subrayar, aquí, la afirmación “no morirá eternamente” (ou mē apothanē eis ton aiōna). Las traducciones modernas al español se debaten respecto de qué parte de esta reveladora afirmación es preferible traducir. 

Opción 1: Enfatizar la construcción ou mē más un verbo en tiempo aoristo y modo subjuntivo: “Jamás morirá” (NTV).

Opción 2: Destacar la expresión eis ton aiōna: “No morirá eternamente” (RV60).

Opción 3: Intentar comunicar toda la densidad de sentido que reside en el texto griego: “Nunca morirán para siempre” (TLA).

Aunque hayamos elegido seguir al Nazareno, es probable que nos toque –como a tantos otros discípulos a lo largo de la historia– “dormir una siesta” (“primera muerte”, según Juan 11:11-16); pero jamás un hijo o hija de Dios dejará de existir por la eternidad (“segunda muerte”, según Juan 11:26). 

¿Crees esto?

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