¿Arderán para siempre Satanás y los impíos en el infierno?

En la Biblia hay expresiones que dan la impresión de que el fuego del Juicio Final será sin fin. Varios grupos religiosos, basándose en esos textos, sostienen la doctrina de un infierno de tormentos que no terminará. Sin embargo, un análisis cuidadoso de esos pasajes no nos permite llegar a esa conclusión. 

Dice Apocalipsis 20:10 que el diablo fue lanzado al lago de fuego y azufre, y que ahí es atormentado “por los siglos de los siglos”. Esta expresión pareciera indicar que el fuego y el tormento no tendrán fin. Veamos.

No solo Satanás será lanzados en el “lago de fuego”, sino también los impíos (Apoc. 20:13, 14). Este lago es otra forma de hablar del fuego que cae del cielo y consume a los malvados (vers. 9). Consumir es lo opuesto de preservar. La zarza que vio Moisés en Horeb no se consumía (Éxo. 3:2); de los impíos se dice lo contrario. 

Este “lago de fuego” es equivalente a la “muerte segunda” (Apoc. 20:14). Esto indica que el lago no preserva la existencia, sino que mata o conduce a la muerte. 

La frase no transmite en español la misma idea que en hebreo y en griego. En el Antiguo Testamento (AT) se aplica a cosas que terminaron. Lo mismo se observa en la Septuaginta y en el Nuevo Testamento, donde formas de esta frase se aplican a cosas o personas que ya no existen (1 Sam. 1:22, 28; 20:23; 1 Crón. 23:13; Neh. 2:3; Isa. 34:6, 8-10). 

Por tanto, cuando “por los siglos de los siglos”, o “para siempre”, se aplica a la duración de la vida de Dios, significa “sin fin”, debido a que es inmortal por naturaleza (1 Tim. 1:17). La vida eterna de los salvos es “sin fin” porque recibirán inmortalidad (1 Cor. 15:52-54). Pero, cuando se aplica a Satanás y sus demonios o a los impíos, significa que serán “quemados” y “atormentados” hasta que dejen de existir completamente, porque ellos jamás reciben inmortalidad. Los unos y los otros serán hechos “ceniza” (Eze. 28:14, 18; Mal. 4:1, 3).

Otra expresión problemática

¿Qué quiere decir Mateo 3:12 cuando menciona “el fuego que nunca se apagará”? Esta expresión se aclara al compararla con Jeremías 17:27, en donde se afirma que Jerusalén iba a ser quemada con fuego “que no se apagará”. Esta profecía se cumplió en el año 586 a.C., cuando los babilonios destruyeron la ciudad (2 Crón. 36:19-21). Sin embargo, Jerusalén no está ardiendo hoy. 

El fuego se apagó cuando terminó de consumir todo lo que tenía para consumir. Por lo tanto, en el Nuevo Testamento es un fuego que no puede ser apagado por ningún medio (Mar. 9:43), pero que se apagará cuando termine de cumplir su propósito destructor y consuma todo vestigio de pecado.

Fuego eterno 

Mateo 25:41 es claro: “Entonces dirá también a los de la izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles’ ”.

El significado de “fuego eterno” se aclara al considerar Judas 7. Ahí se lee que Sodoma y Gomorra sufrieron “el castigo del fuego eterno”. Nótese que el castigo de estas ciudades fue un ejemplo de lo que experimentarán los impíos. Pero Sodoma y Gomorra no están ardiendo hoy; más bien, en 2 Pedro 2:6, se dice que fueron reducidas a cenizas. 

Esto indica que el “fuego eterno” las quemó hasta que las pulverizó (Luc. 17:29). Por lo tanto, el “fuego eterno” del día final no es un fuego que arderá sin fin, sino sin interrupción, hasta producir destrucción eterna. No es eterno en su duración, sino en sus consecuencias.

Conclusión

Cuando interpretamos adecuadamente las expresiones del fuego final, podemos concluir que no habrá un fuego de tormentos sin fin para los impíos. Más bien, la Biblia enseña que estos, por haber rechazado la gracia divina, serán “quemados” y “atormentados” hasta que sean aniquilados definitivamente (Mal. 3:1-4). 

Pero, lo más terrible de todo esto no es que vayan al lago de fuego, sino que, habiendo tenido a su alcance la salvación, la rechazaron, y se perderán la eternidad con Cristo. Dios ha prometido “cielos nuevos y tierra nueva” para su pueblo (2 Ped. 3:13), en donde la muerte no existirá más (Apoc. 21:1-5). 

Por eso, si aún no has aceptado a Jesús, hazlo mientras te queda tiempo (Juan 3:16‑18).

One Response

  1. Héctor Ábreu

    Completamente 100% de acuerdo y quién les habla es pastor de la iglesia evangélica Asamblea de Dios

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