El destacado vínculo entre la Creación en días literales, el Diluvio y el tiempo del fin.

El capítulo 3 de la Segunda Epístola del apóstol Pedro es una mina de oro para los creyentes en el pronto regreso de Jesús, en lo relacionado con la información teológica y profética que provee en el contexto de la Segunda Venida. 

Esta información no aparece por casualidad, sino que forma parte de la intención pastoral del apóstol: “Esta es la segunda carta que les escribo y, en ambas, he tratado de refrescarles la memoria y estimularlos a que sigan pensando sanamente” (2 Ped. 3:1, NTV). Específicamente, deseaba alertar por la aparición de personas que vivirían de acuerdo con sus propios deseos, “gente burlona”, que con sarcasmo se burlaría de la inminencia del regreso de Cristo. 

Esta advertencia de Pedro es interesante porque aborda la posición opuesta a aquellos alarmistas y agoreros del fin inminente, que fundamentan más sus posiciones en la última noticia de Internet o en el último video que menciona teorías de conspiración incomprobables. Aquellos son “cristianos” secularizados, que viven gobernados por sus pasiones, que tienen sus intereses aquí en la Tierra, lo que les impide pensar espiritualmente, y que no anhelan la intervención sobrenatural de Dios para poner un fin a la historia de este mundo. 

En este caso, el apóstol se explaya en los argumentos que utilizan estos “incrédulos” en la Segunda Venida: “¿Qué pasó con la promesa de que Jesús iba a volver? Desde tiempos antes de nuestros antepasados, el mundo sigue igual que al principio de la creación” (2 Ped. 3:4). Este argumento, que niega toda intervención divina en la historia de nuestro planeta, ha tomado muchas formas en el desarrollo del cristianismo: desde el deísmo hasta el neoateísmo cristiano; pasando por la Alta Crítica, con su principio de analogía, que juzga el pasado por lo que podemos experimentar hoy (argumentan que, dado que en la actualidad no se experimentan milagros ni intervenciones divinas sobrenaturales, tampoco debieron haber existido en el pasado). 

Aquí, las conexiones entre el Génesis y la profecía de la Segunda Venida se hacen explícitas, aunque para muchos podrían pasar desapercibidas. Es que la Iglesia Adventista es una de las pocas que sostiene el Creacionismo bíblico en lo que respecta a los orígenes de este mundo y de los seres humanos. Una de las bases clave del Creacionismo es la interpretación literal de los capítulos 1 al 11 del Génesis (la gran mayoría no cree que haya habido una Creación literal en siete días literales, fundamentados en la teoría de la evolución de las especies, y niega también la universalidad del Diluvio). 

En este sentido, no es casualidad que el apóstol Pedro utilice la interpretación literal de estos capítulos como argumento para afirmar la Segunda Venida: “Deliberadamente olvidan que hace mucho tiempo Dios hizo los cielos por la orden de su palabra, y sacó la tierra de las aguas y la rodeó con agua. Luego usó el agua para destruir el mundo antiguo con un potente diluvio” (2 Ped. 3:5, 6).  Según el apóstol, creer en la intervención sobrenatural de Dios para traer a la existencia este mundo y para destruirlo mediante agua en el Diluvio nos lleva a creer que Dios también intervendrá sobrenaturalmente en su segunda venida, para traer salvación a los creyentes, pero también para traer juicio sobre aquellos que han decidido oponerse a Dios: “Por esa misma palabra, los cielos y la tierra que ahora existen han sido reservados para el fuego. Están guardados para el día del juicio, cuando será destruida la gente que vive sin Dios” (2 Ped. 3:7). 

No es casualidad, por lo tanto, que quienes se niegan a interpretar literalmente los primeros once capítulos del Génesis, incluso dentro de nuestra iglesia, sean los que tienen menos sentido de inminencia del regreso de Cristo y quienes viven más absortos en las cosas de este mundo que centrados en la parusía.

Pero, el apóstol Pedro va más allá que dejar argumentos a favor de la inminencia de la Segunda Venida. Nos insta a tomar un curso de acción. De entre los consejos que nos deja, destaco dos para cerrar este artículo: 

Vivir una vida santa: “Dado que todo lo que nos rodea será destruido de esta manera, ¡cómo no llevar una vida santa y vivir en obediencia a Dios” (2 Ped. 3:11).

Debemos “esperar con ansias el día de Dios y apresurar que este llegue” (2 Ped. 3:12). Tal como lo afirma Elena de White: “Mediante la proclamación del evangelio al mundo está en nuestro poder el apresurar el regreso de nuestro Señor. No solo hemos de esperar la venida del día de Dios, sino apresurarla” (El Deseado de todas las gentes, p. 591).

Sobre el Autor

Pastor y Magíster en Teología (está culminando sus estudios doctorales) desempeña su ministerio en la ACES desde 2001. Autor de "Versiones de la Biblia", es Jefe de Redacción y director de la Revista Adventista desde 2010. Está casado con Claudia y tiene dos hijos: Gabriel y Julieta.

Publicaciones Relacionadas

Responder a Comentario

Tu correo electrónico no sera publicado.