“Gracia y paz a vosotros […]. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén” (Apoc. 1:4; 22:21).

GPS es la sigla formada por las primeras tres iniciales de la expresión Global Positioning System, en inglés (Sistema de Posicionamiento Global). Se trata de un sistema satelital de localización que permite a los viajeros saber con precisión dónde se encuentran en cada momento de una travesía y cuál es el mejor camino para llegar al destino deseado. Como es lógico, este recurso se activa al comienzo del recorrido. 

Dios dice, en su Palabra, que los seres humanos fuimos hechos a su imagen y semejanza (Gén. 1:26, 27); eso explica nuestra asombrosa complejidad. Sin embargo, “complejo” no es lo mismo que “complicado”. El Creador nos hizo complejos, pero el pecado nos volvió complicados: “Dios hizo perfecto al hombre, pero este se ha complicado la vida” (Ecl. 7:29, versión Dios habla hoy).

Esa tendencia a complicar aun lo simple se advierte en casi cada aspecto de nuestra existencia; sobre todo, en el terreno de las relaciones interpersonales. Un ejemplo de la iniciativa divina simplificadora es el Apocalipsis. Dios colocó su GPS orientador al comienzo del libro para que quienes estén sinceramente interesados en llegar al final de la historia humana por el camino correcto, y sabiendo en qué punto del recorrido están ubicados en cada momento, puedan lograrlo.

No hace falta para ello más que buscar la clave al comienzo del camino, en el capítulo 1. Allí está no solo la síntesis de todo el recorrido, sino también los puntos más destacados que ayudan al viajero a no perder de vista la ruta temática principal. No conforme con ello, Dios también ubicó la clave del libro como un cartel luminoso al final del camino, en el último capítulo, a fin de confirmar al viajero todo el tiempo cuáles son los hitos fundamentales a lo largo de la travesía, y evitar así distracciones con los deslumbrantes paisajes que se extienden a ambos lados.

He aquí el GPS temático del Apocalipsis:

1-El propósito divino del libro es hacer manifiesta la intervención soberana de Dios en el conflicto entre el bien y el mal en la Tierra. Es revelar, esclarecer, no ocultar ni confundir. Tres de las palabras que aparecen en el original en griego de Apocalipsis 1:1 dan cuenta de ello: apokalypsis (revelación; literalmente, “la acción de descorrer un velo para que algo oculto resulte visible”), deiknymi (manifestar, o mostrar) y semaino (declarar, dar a conocer, transmitir, hacer claro). Y, en Apocalipsis 22:6 y 8 vuelve a usarse la palabra déiknymi.

2-Jesucristo es la figura central del Apocalipsis. En promedio, uno de cada tres versículos del libro se refiere a él, usando una treintena de títulos y caracterizaciones diferentes para describir su persona divino-humana y su obra como Redentor en favor del pecador. El último libro de la Biblia es, pues, el testimonio de Jesús y acerca de él (Apoc. 1:1, 2, 8; 22:13, 16).

3-El victorioso desenlace del conflicto milenario entre el bien y el mal se halla a las puertas. De allí el sentido de inminencia, de urgencia, con el que el documento empieza y termina (Apoc. 1:1, 3; 22:6, 10, 12, 20).

4-El mediador humano de la Revelación divina no es otro que el apóstol Juan, lo cual hace posible que el contenido del Apocalipsis resulte iluminado aquí y allá por el cuarto Evangelio y sus tres cartas, destacando así el hecho de que la Biblia misma es su propio intérprete (Apoc. 1:1; 22:8).

5-Cuando es fruto del amor a Dios, la obediencia a su voluntad revelada produce gozo (Apoc. 1:3; 22:7).

6-La iglesia es la primera y principal destinataria del mensaje del Apocalipsis, pues nadie puede comunicar a otros un mensaje que no ha aceptado y puesto en práctica primero (Apoc. 1:4; 22:9, 16, 17, 18, 20).

7-La gracia divina manifestada por y en Jesucristo, así como la invitación a aceptarla y disfrutarla, es el gran mensaje del Apocalipsis como clímax de la Revelación bíblica (Apoc. 1:4, 5; 22:14, 17, 21).

8-La iglesia ha de ser testigo del amor y la gracia de Dios ante el mundo (Apoc. 1:6; 22:17).

9-Cristo volverá para llevar consigo a quienes hayan aceptado el regalo de su gracia salvadora y transformadora; pero también para respetar la decisión de quienes elijan no vivir para siempre (Apoc. 1:7; 22:12, 15). RA

Sobre el Autor

Pastor, doctor en Teología y docente universitario de destacada trayectoria. Actualmente ejerce su ministerio como profesor en la Universidad Adventista del Plata, Entre Ríos, Rep. Argentina.

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